¿Qué diferencia existe entre las palabras de William Shakespeare que dicen: “Dos lindas bayas modeladas sobre el literato11mismo tallo. Así es como dos cuerpos visibles, no teníamos más que un solo corazón.”  A la inicua frase: “La relación sexual es darle patadas en el culo a la muerte mientras cantas.” De Charles Bukowski? Absolutamente nada, y absolutamente todo, puesto que ninguna es mala o buena, sino todo lo contrario. Y es esto, mi querido lector, la magia de la literatura.

La Hipótesis de este ensayo es analizar él como la visión de la literatura es ambigua, lo que provoca una falsa concepción de esta y mantiene a la gente ajena a ella. 

Escribir es jugar a ser Dios, es pretender saber y poderlo todo, es de las pocas maneras en la que rompemos nuestras propias cadenas y derribamos los muros de la mente, es el único lugar en donde podemos ser libres y develar nuestros ángeles y demonios, nuestros sueños y pesadillas, es la exposición de nuestro lado más humano y nuestro lado más bestial.

Con base en esto, si escribir es un juego de dioses, podemos decir que leer es aprender de ellos, con esto digo que la literatura es un regalo divino, es instruirse de los mismos inmortales, es como un paseo entre los jardines de…

¡Basta! Basta de cursilerías literarias, ya es tiempo de ponernos serios, y es precisamente esto lo que me ayudará explicar mi perspectiva de la literatura, esta no nos abre nuevos mundos, no nos hace sabios, ni nos hace mejores, lo que hace, o por lo menos lo que ha hecho conmigo es expandir mis horizontes, romper mi manera tradicional de ver mi alrededor e inculcarme el hábito de pensar, y es por esto que no degusto de igual manera las obras literarias convencionales. Pero es aquí en donde entra la ambigüedad y juicios personales, esta es sólo la opinión de un lector insensato. Para ilustrar mi punto me apoyaré en los siguientes fragmentos: 

“¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!…” (Shakespeare, w. 2001, p.35.) bla, bla, bla.

No encuentro el punto de leer palabras hermosas dirigidas a una bella doncella, sino todo lo contrario, lo encuentro casi repulsivo, ¿Por qué embadurnar pensamientos con palabras maquilladas? Por qué no decir: Te amo y rezo porque después del sexo no olvide lo que siento por ti. No me importa lo que opinen de mí, pero si Romeo hubiera terminado con Julieta, después de unos años, cuando Julieta estuviera vieja  y los senos le llegaran a las rodillas, me gustaría ver lo que Romeo tiene que decir. Por esto la literatura está muy devaluada hoy en día. Se tiene la creencia que esto es la literatura, al pensar en ella esto es lo que nos viene a la mente, por lo tanto nos aleja de ella.

“Todos tenemos un agujero en el culo, ¿No? ¿Hay alguien en esta habitación que no tenga un agujero en el culo? Si es así, que lo diga de inmediato. ¿Me oís?

Jon Pichot me clavó el codo en un costado:
-¿Ves? Es un genio, ¿ves?”
(Bukowski, C 1992, p. 135.)

Simplemente bello, no es necesario escupir flores al hablar para escribir obras de arte. Las rosas no cultivan cerebros, son estas palabras crudas las que moldean a puñetazos y vodka barato nuestra manera de pensar.

  1. Con esto no busco desacreditar a escritores como Shakespeare, sino que me refiero a que la literatura es un universo inmenso que navegar como para encasillarnos y absolutizarla a un solo concepto. Al creer que Shakespeare es la cúspide de la literatura creemos que esto es todo, que con solo ver la película (ya ni por lo menos leer la obra) sabemos lo que tenemos que saber de ella, cuando esto no es ni por poco el primer escalón de una torre interminable. Sin embargo no debemos limitarnos sólo a observarla sino aportar a ella también, como dijo alguna vez Oscar Wilde:  

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”.